| Sonata |
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| Written by Temptress |
| Tuesday, 05 May 2009 00:12 |
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Ha pasado algo de tiempo desde el ultimo post, he andado metido hasta la nariz en el trabajo, pero ya encontre la forma de sacudirme un poco de aquello que me tenia maniatado para escribir. A raiz de lo que ipatzi escribio, me regrsaron las ganas de meterme en las letras de nuevo, y curiosamente ocurrio cuando estaba escuchando piano, asi que no pude hacer mas que dejarme poseer y poner esa pequeña fusion en marcha.
Sonata
Pongo mis manos en la textura marfil del piano, siento su rugosidad y el fino peso de la música de siglos, cayendo con fina soltura en un instrumento tan inmenso, el deseo de poder y lujuria que provoca la melodía acompasada por finas cuerdas siendo tensadas por titiriteros de marfil, acústica, sinfónica, métrica, perfectamente combinadas, unidas en si mismas para crear algo mas, ininteligiblemente perfecto y erótico, complicado como el movimiento de un amante, además de animal y salvaje como su instinto.
La música es una pasión, me hace sentirme viva, perfecta, me hace olvidarme de todo lo que me rodea, me sume en un sueño purpura donde mi cuerpo adquiere una sensibilidad perfecta, me hago consiente de cada célula de cada partícula, de los pequeños cambios de presión y del calor de mis labios subiendo lentamente como una nota sostenida, empapando mis piernas, haciendo vibrar mis pezones con la resonancia de las cuerdas, es delicioso, hacerle el amor a la música, sentirla envolverme, amarme como ningún hombre puede hacerlo.
Me gustan las piezas de una mano, para poder acariciar mis senos, bajarlos en mi cuerpo desnudo al compas, hasta sentir las caricias en mi clítoris, dejando caer mi digito con la presión adecuada, haciendo que mis piernas tiemblen sobre los pedales y se funda ese impulso eléctrico del orgasmo en mis notas, me gusta terminar en mis manos, barnizarlas con el cristalino néctar de mi vagina, y juguetearlo en mi instrumento, ver las finas gotas brillando en el sol del atardecer, sentir mi piel erizada de sexo y arte.
Es por eso que para mí, la música es más que solo un hobbie, en mi pequeño mundo deseo vivir para ella como una musa casi tangible, trabajo de 8 a 5 en un trabajo normal, de buena paga, como humana, para poder comprarme mi vida de diosa.
Yo no gasto en Versace y Gabbana, nada de eso, para mi mis amantes están muertos, perdidos en el largo sueño de la creación, Mozart, Beethoven, Paganini y Chopin, gasto cantidades estratosféricas en discos de conciertos y paso noches enteras con una simple botella de Bourbon al calor de los decibeles subiendo por mi sangre, me gusta sentirme penetrada, poseída por esos dulces sonidos, repito como ningún hombre podría.
Y no digo esto sin haber experimentado, por el contrario, he visto olido y probado un sin número de penes, de formas y tamaños tan diversos como sus dueños. Tan grandes que me hicieron aferrarme en un grito ahogado en una almohada, tan pequeños que no podía hacer nada más que estimularlos con mi boca, he sentido miembros tan gruesos que las comisuras de mis labios se abrieron hasta dejar ápices de un ardor ciego, he sentido el contraste de la piel negra sobre mis labios rosados. Aprendí a disfrutar el sexo delicioso de dos hombres firmes en cada uno de mis orificios, grite de placer y me llene de su extasis blanco. Disfruto el sexo, pero aun así, nadie ha podido liberar esa parte efímera que la música de piano transgrede en mi alma, de arrancarme esos orgasmos rítmicos y de una carga eléctrica claramente venida de un plano superior.
Poco a poco regrese a encerarme en el capullo musical de mi apartamento, tomar una ducha larga de agua tibia, después salir y dar el concierto más largo oscuro e intimo que mis dedos pueden proporcionarme, a hacerme el amor a mí misma, pasando largas noches de insomnio musical en mi quinto piso.
Cursaba la última noche de primavera, abriéndose perfecta a una lluvia de verano cálida y tibia, iba camino a mi casa cuando me sorprendió, había logrado empaparme hasta los huesos y me obligo a tomar refugio en uno de los edificios aledaños al mío.
Intentaba torpemente calentarme debajo de una farola suspendida por una pequeña cadena, pude ver a través de mi vestido blanco como si de mi segunda piel se tratase, el tibio color negruzco de la lencería que llevaba puesta, para mi suerte, la lluvia era tan torrencial que no había ni un alma en la calle, así que me desplome un poco entre las paredes del edificio, en cuclillas esperando que pasara la tormenta y no congelarme en el proceso.
Fue entonces cuando la percibí, la dulce nota aguda de un piano recién tocado por primera vez, mi pies se erizo completamente, automáticamente comencé a agudizar mi oído, intentando percibir hasta el ultimo vértice de las notas que venían en cascada perfecta y sagaz, las suaves gotas del viento húmedo de carmín auditivo.
Como hipnotizada seguí el rastro de esa esencia, poco a poco mis pasos me llevaron detrás de una puerta con el numero 9 esculpido en roble, la música salía de las comisuras de la puerta con timidez aguda. Posesa vi mis pezones completamente erectos, y sentí la humedad cálida de los labios y también entre mis piernas, jadeaba con dificultad mientras ese piano perfecto metía sus dedos etéreos en mi alma y me hacia estremecerme, ¿que clase de ser podía tocar con tal perfección?
Abrí la puerta, el sonido se intensifico en mis oídos y un tibio olor de tabaco aromatizado llenaba el cuarto con una bruma sexy, a lo lejos el piano de cola no dejaba de tocar, y una figura femenina se movía con los ojos cerrados al compas de la música, delgada y tierna, con la espalda desnuda, respirando solo lo suficiente para dejar entrar cada nota a sus pulmones y absorberla como se hace con las drogas.
No podía resistirme más, me despoje de mi vestido y me acerque poco a poco, enfundada en agua y excitada hasta la punta del cabello, fue entonces que me acerque al piano, puse mis manos en el mientras mi fogosidad hacia las vibraciones de la maquina tan intensas como si se encontraran en mi propia vagina, metí mis dedos en mi boca y los chupe mientras el otro se deslizaba entre mis labios carentes de vello.
Mi artista y amante remoto, me veía, no era una mujer, era un hombre fino y perfecto, de cabello rubio y ojos azules, con un cigarro en los labios, sonriendo de manera siniestra, mientras ponía mis nalgas en el instrumento que el vapuleaba con sus dedos, de alguna extraña forma, entendía que mi excitación venia de la música y no de el
Peor ya no estaba en mis cabales, había sido poseída por ese fantasma armónico, baje mi lengua y recorrí el maple frio y vibrante, apreté mis pezones mientras poco a poco me conducía a la parte viva de aquel fantasma, cual gata subí al piano mientras me ponía de espaldas al pianista, baje mi tanga , me erguí como la felina hermosa que soy, arriba del piano, cerré mis ojos y mientras la música me daba placer, también lo hizo su lengua, la sentía entrar y salir de mi sexo una y otra vez como cuchillo caliente mientras comenzaba a gemir en la sinfonía, haciendo música de la carne.
Su lengua me penetró una y otra vez, mientras dejaba mi índice en mi ano, abriéndolo poco a poco , sentía su aliento y el bao en mi clítoris, arrancándome un suspiro en cada pasada. - Ssiigue.. Sssigue- le decía torpemente mientras mi voz se perdía en las notas graves, no podía mas estaba tan deseosa de ser penetrada.
Me baje del piano, y el abrió sus piernas adivinando mi siguiente movimiento, en aquel pantalón había un bulto pétreo esperando por mí, metí mis manos y saque aquel falo, lo lamí por los costados mientras mis ojos marrón se perdían en los suyos, la música titubeo un poco, pero no me molesto en lo mas mínimo, su soltura era tal que mis caderas se movían sin cesar como si el piano mismo tuviera un falo invisible clavándose dentro de mí.
El miembro estaba rígido y perfecto, dejando car sus líquidos en mi boca, mientras lo agitaba vigorosamente, para después recorrerlo desde la base hasta la punta, llenándolo de saliva tibia. Mire al rostro de mi artista, al tiempo que se sumergía en una bocanada azul de humo de clavo y lo lanzaba hacia arriba, nubes perfectas de seda insertadas en el ambiente, en mis manos otra seda hecha de carne y hombre se novia con vigor de arriba hacia abajo, mientras esa sonrisa aperlada me guiaba por el camino adecuado, lo metí en mi boca de nuevo, la lengua jugando en la cabeza de su pene, la música de una mano acariciaba mi piel con ta l lujuria que no podía contenerme mas.
Me levante, desprendí completamente la piel mojada de aquella que se me dio en mi nacimiento, mi lencería se perdió entre el piso y acomode aquel falo , me senté sobre el hundiéndolo por completo en mi carne, arremolinando mi piel sobre la suya , apretones de mi cadera, el ritmo subía poco a poco acompasado de sus gemidos, la música ya se había perdido en el anonimato pero yo me encontraba en el éxtasis, cada nota se repetía infinitamente en mi cerebro mientras aquellas manos finas y ese rostro de mujer me llenaban de saliva la espalda y los labios,.
Si sentirlo tome mis pezones, los jale hasta querer arrancarlos de mi cuerpo, compensando cada punzada de veneno que entumecía mi cuerpo transportándolo a los cielos. Me quemaba por dentro, mientras sus manos femeninas se hacían a mis caderas perfectas embistiéndome una y otra y otra vez con la fuerza que solo un demonio serafinico podría.
Pasamos un largo rato asi, escuchando la sinfonía de gritos gemidos y caricias, el pianista tocaba otro instrumento, mi cuerpo, con la misma delicadeza bestial con la que vapuleaba las teclas, mis senos erguidos, y mi boca abierta en un grito callado, no podía más, me había venido varias veces, y justo cuando pensé que el no lo haría, pude sentir las palpitaciones de su miembro, erguido dentro de mí, exhausta y llena de un salado sudor, mío y de él, una sinfonía perfecta de sexo, a punto de alcanzar el crescendo. Me tomo del cabello y me hinco enfrente del piano, tomo su miembro largo y grueso y comenzó a masturbarlo frente a las teclas salpicadas de armonía, sentí la explosión de otro de mis orgasmos la par del suyo, al ver el semen caliente y blanco descender casi en cámara lenta sobre las teclas que me habían hecho suya innumerables veces, el ver su esperma nevado convertirse en un adorno entre el aperlado marfil, me incline y lamí cada agota, dulce y perfumada por el marfil, amarga y penetrante por el hombre, fue cuando el ultimo de mis orgasmos que asalto, intenso con una electricidad que había abierto cada uno de los poros de mi piel, Magnificado la ultima contracción hasta dejarme sin aire, haciendo que mi vista se perdiera, en una nube de humo, sexo y música…. Cálida sinfonía.
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| Last Updated on Tuesday, 05 May 2009 00:28 |





